Por fin este fin de semana he conseguido meterme en las aguas cristalina de las gargantas de Gredos.
De nuevo he vuelto a sentir el frio recuperador de las aguas de los neveros.
El sábado por la mañana estuvimos en la Garganta de Alardos, estaba llena de gente, pero eso la verdad es que nos importó poco, sobre todo por las ganas que teniamos de introducirnos en el agua y sentirla en nuestra piel.
Vino a mi memoria Mohamed, no sé si alguna vez os he hablado de él.
Mohamed, es un niño saharahui que lleva unos años viniendo al Arbillas con una familia que curiosamente viven a dos portales de mis padres, en Alcorcón.
Lleva viniendo a España que yo sepa dos años, al menos hace dos años que me fijé en él.
Casi siempre en el Arbillas, si no estoy en el agua , estoy leyendo, es la única época del año en la que puedo dedicarme con tranquilidad a hacerlos, pero cuando le vípor primera vez, tuve que apartar mis ojos del libro, mirarle, observarle y disfrutar de su alegria.
Está en esa edad en la que la mayoria de los niños españoles ya saben nadar, pero le veias a él, con sus manguitos, con su pelo rizado en el que no penetraba el agua, con esos grandes ojos oscuros y esas pestañas que parecian abanicos , llenos de agua.
Cada vez que se metia en el agua, una gran sonrisa aparecia por su boca, sus padres de acogida por estos dos meses, tenian que luchar con él para sacarle del agua cuando ya las yemas de sus dedos estaban arrugadas , porque todo su afán era estár en el liquido elemento.
Cada mañana mientras estaba arropado en su toalla, esperando a que volvieran a dejarle meterse en el agua, siempre hacia la misma pregunta, ¿venimos esta tarde?.
No sé sí le veré este año.
Pero ya el sábado pasado , ví a otra familia, no en el Arbillas, sino en Alardos, con otro niño saharahui.
Mas pequeño que Mohamed, no creo que tenga cumplidos los cinco años, pero era exactamente igual que él en su afan por el agua.
Con un chaleco naranja que le cubria todo el dorso, su pelea y sus juegos en el charco, daban mas vida si cabe a ese rincón de naturaleza.
Pequeño, moreno, con unos ojos como lunas, con ese pelo negro en el que se le resbalaba el agua.
No llevé libro, todavia no he pensado que libros me tocan este verano por leer, pero no necesité leer para aprender y recordar lo aprendido otros años.
A mi cabeza llegaron un montón de pensamientos, en un principio positivos contagiandome de la alegria y las risas que le veia.
Despues pensé en cuantas personas estan perdiendo la vida en un charco mas grande huyendo del hambre, y deseaba con todas mis fuerza que ese niño no fuera mañana uno de ellos.
De momento le quedan algunos años más por venir a estos rincones en el verano, y deseo que eso sea o sirva de algo para tener mas oportunidades que otros de sus vecinos no tienen.
Dejemosnos de tristezas futuras, pero que en realidad son presentes en el gran charco que rodea a la peninsula Iberica, y dediquemos nuestro pensamiento a los chapuzones que espero ver tambien este año de Mohamed.