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17 agosto 2006



Arbillas:

Es el nombre de este rio abulense.

No es un rio conocido, es mas bien un arroyo grande.

No tiene nada especial, pero en él encuentro una gran tranquilidad, es el sitio con el que sueño en los momentos que me siento desbordada.

Su imagen, su ruido, su sencillez, hacen que en mí reine una paz interior imposible de poder explicar.

Estar a su lado, te hace formar parte de la Naturaleza casi salvaje.

Estar dentro de él, no puede hacerlo todo el mundo, su agua es fria, casi gélida, llega de los neveros de Gredos. Ese frio, hace recuperar la sensacion en el cuerpo.

Estando a su lado o dentro de él, se recuperan todos los sentidos.
El cuerpo toma consciencia de todas y cada una de las partes que le componen.

Volvemos a ser un poco como aquellos lejanos antepasados nuestros que vivian gracias a tener agudizados los sentidos.

El oido aprende a escuchar el aire, las ramas meciendose, las cascadas del agua e incluso sus remansos, los trinos de los pajaros, el casi reconocer como es una persona solo con oir como pisa el suelo.

Los ojos , dejan de estar limitados a mirar hasta donde llega la pared mas cercana, de repente se da cuenta de que existe un horizonte, que existe un mundo abierto, que el campo no es verde, que está compuesto de la mayor gama de colores existente.
Por la noche, estos ojos descubren que el cielo no es negro, que esta lleno de estrellas, cometas , estrellas fugaces, que el infinito hace que nuestras penas desaparezcan, que existe un mundo mas grande de lo que pensamos cuando estamos en la gran ciudad y nos sentimos el centro del mundo.

Olfato, los olores que tambien descubrimos, el oregano, el olor del agua, el castaño, el roble, la hoja del naranjo, la flor del azahar, el limonero, las mora, los higos e incluso olores que no nos resultan agradables, pero que no podemos tapar con los perfumes artificiales que tanto abundan en muchas casas.

No es necesario el uso de colonias, perfumes, es más, estorban a nuestro cuerpo que tan solo quiere sentirse limpio y llevar el olor a hierba y agua.

Del gusto, casi mejor no hablar, ¿puede alguien decir que es lo que no le gusta comer en el campo?, todo nos sabe mejor. No solo nos sabe mejor, sino que comemos sin prisa a la que estamos acostumbrados, saboreando cada uno de los componentes de la comida.

Tacto: el frio del agua, la humedad, el musgo, el arbol al que te acercas, incluso la incomodidad de no tener los sillones anatomicos la disfrutamos.
Nos quitamos hasta el calzado, para disfrutar en nuestros pies del calor de la tierra, y porque nó, para pincharnos de vez en cuando, con la piedrecita de turno o la pajita que no vemos, porque nuestros ojos no estan para mirar donde pisamos sino donde estamos.

Conocí al Arbillas hará unos catorce años, y desde el primer dia que me sumergí en sus aguas senti que ya formaba parte de mi vida.

Mi ilusión no es que me toque la loteria, (algo imposible ya que no juego), mi ilusión es esperar el fin de semana que voy a verle.

Sé que cada persona tenemos un gusto diferente, hay quien esta enamorado del mar.
Yo no necesito algo tan grande, yo quiero la sencillez del Arbillas.
Su canto en el verano, su escasez en el invierno, su fuerza primaveral y su otoño lleno de colores.

10 agosto 2006




Buenas tardes:

Bienvenidos, estoy intentando crear mi primer blog.

Espero conseguirlo.